Entretelones de Pasarela Mérida 2008 (Sólo leerán el backstage de un agradable encuentro, los comentarios y fotos formales los hojearán en la edición 48 de CG a publicarse a finales de febrero)

Enero 21st, 2008 by Nora

El traslado

Íbamos a presenciar en primera fila las incidencias, tinos y deslices de la Pasarela Mérida 2008 y así lo hicimos. Todo preparado diligentemente por Rosi Soto, mandamás de Sirius Comunicaciones, empezó la travesía en el aeropuerto Manuel Piar que sirve a la ciudad Puerto Ordaz. Con la maleta repleta de ejemplares de CG, el vuelo (que siempre prometo nunca más tomar y que me persigue como un conjuro irremediable) salió puntual a las inclementes seis de la mañana. Entre bostezos y chequeos (para no olvidar nada, como suelo hacerlo) me hice de varias revistas que distrajeran una ruta que superaba los 1.500 kilómetros de distancia. A las siete de la mañana pisaba Caracas para, desde allí, tomar un dilatado aventón que me permitió reencontrarme con Hajsky Bueno y Guillermo Forero, dos de los grandes que también visitarían la primera edición de esta iniciativa para engalanarla con sus años de sapiencia vestural. La cháchara se extendió más de la cuenta porque, para variar, las líneas aéreas de Venezuela siempre ceden, con sus retardos, oportunidades valiosísimas de entrenar la lengua. Minutos más tarde, se unió al team -con la misma misión fashion- el lente excelso de Billy Cass y el talento del productor de cine y Tv Nicanor García (ellos se montarían en la siguiente tanda). Prendidas las hélices del avión de Santa Bárbara, ninguno de los implicados (y con semejante madrugón) desperdiciamos la flamante oportunidad de ensayar la costumbre de hacer una siesta (y, si no, que lo diga Guillermo que se quedó dormido con el vaso de refresco en la mano y no descansó hasta derramarlo sobre su pantalón).

El arribo

Para hacer el cuento corto, cercana a las cuatro de la tarde logramos tocar tierras merideñas con una sorpresa: ¡las maletas no llegaron!, esos nimios detalles que pasan en este gentilicio y que tienen el eficaz poder de echar por tierras los planes que la víctima en cuestión tardó horas en hilvanar esmeradamente para estirar el reloj. No había otra que esperar a que llegara el siguiente avión y cruzar los dedos para que apareciera los equipajes, no tanto el mío que, como doliente, era sumamente importante, sino los de Guillermo Forero y Hajsky que traían nada más y nada menos que la colección en pleno que orlaría la pasarela merideña en su primero y segundo día de la cita referida. Para pasar el susto, Hajsky se dedicó en cuerpo y alma a catar las delicias andinas en forma de pastelito a lo que, en honor a la verdad, me sumé “estoicamente” junto a Flor de Bueno, madre de Hajsky; Mireya, la costurera de Guillermo y Anahis, importadora de los accesorios que decorarían las humanidades de las modelos vertidas por Forero. Nos comimos como 20 pastelitos (por un costo irrisorio de Bs. 35 que pagó gentilmente Hajsky con la intención de que yo pagara la cena) y, para execrar la angustia, derrocamos las ansias con otra buena dosis de dulces típicos a lo que no me sumé por ser un galopante desmán luego de dos semanas a punta de Herbalife (Olvidé decirles que las maletas llegaron sanas y salvas).

La entrevista a Takeshi Nagahama

Mientras todo el combo, (incluidas las modelos y demás personalidades que había arribado en la mañana) se fueron a disfrutar del menú nativo en el delicioso Café Fashion atendido por el Sr. Aníbal Arias y su hijo Pedro, dejé mis macundales en el hotel El Serrano para ir al encuentro con Takeshi Nagahama, el chef que en días pasados les comente que entrevistaría. Después de superar los embates de cientos de curvas en media hora interminable de camino “surcando” una de las tantas montañas que convergen en la geografía andina, llegué hasta la Estancia San Francisco (las fotos la verán en la galería que anexo) es sencillamente una copia de un set de Heidi: el verde era inverosímil, las robustas ovejas se tongoneaban plácidamente mientras se encargaban de podar el pasto con sus dientes y las flores se abanicaban con una gélida brisa. Entre la neblina y los aromas de la cocina del restaurante Papiros apareció el susodicho con sus afables rasgos asiáticos y un prontuario culinario que los invito a leer en la edición 48. Luego de más de una hora de conversación y la respectiva foto para el Messenger, me despedí de Nagahama con la promesa ingenua de que si me resta algún tiempo libre seguramente tocaré las puertas del hospedaje al que se acoge su propuesta gastronómica.

Las pasarelas

Como la idea no es hacer de este periplo una novela (aunque hay suficientes motivos como los bucólicos paisajes respirados) les cuento que a partir del coctel de apertura (al que comparecieron todos los involucrados en cuestión: autoridades de Feria Internacional del Sol, que alcanza su 39 edición en el marco de los 450 de la fundación de Mérida; Alex Nava, presidente de Fedeindustria Mérida, organizador y patrocinante de la pasarela, con el apoyo de la Alcaldía del Municipio Libertador y la Gobernación del Estado Mérida) le siguieron, el 17 y 18 de enero dos días en los que Mérida confirmó sus incipientes pasos por convertirse en una de las capitales más sonadas del mundo de la moda, el camino es largo y hay mucho por hacer. En backstage todo estaba listo para que el merideño Ender Torres, estudiante de diseño, decretara el inicio de esta galería que reunió más de 15 nombres que tuvieron en común su interés por el mundo de los trapos. Hubo de todo un poco, algunos que debieron madurar sus ganas de figurar antes de lanzarse al ruedo y otros, los más experimentados, que demostraron los porqués de sus triunfos. Entre fotos y notas me apoderé de los tras bambalinas, fui entrevistada por varios medios locales, practiqué el oficio de costurera ajustando uno que otro modelo recién hecho, puse accesorios, marqué pauta de salida con las modelos, hice entrevistas, me reí hasta más no poder con las ocurrencias de Billy Cass y Nicanor García, visité fugazmente el mercado, hablé hasta por los codos con Anahis Suárez, y entendí que en la vida, si algo nos hace grandes es aspirar, es crear nuevos modos de roce y aprendizaje, es hacerse partícipe de los retos ajenos, aplaudirlos, compartir las victorias, prever las derrotas, pero sobretodo, nunca detenerse ante las dificultades que implica pasar a la historia por ser visionario y perseverante. Esperemos que Mérida sea ejemplo de tesón y que sus románticos paisajes sirvan de telón para recibir, en el 2009, la segunda edición de un evento que logró su cometido: ser reconocido y proyectado. De regreso (entre juramentos por mantenernos en contacto) y con suficiente trabajo acumulado, sólo pienso en una idea, ¿por qué no en Puerto Ordaz?… entonces la intención de Pasarela Mérida 2008 alcanzó un porcentaje nada despreciable de sus intenciones.

PS: ¡Gracias Rosi por todas tus gentiles atenciones!

Galería de fotos

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