De apagones y otros “ánimos”

August 21st, 2008 by Nora

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Después de un apagón que nos dejó, durante toda la tarde de ayer, absolutamente desenchufados de nuestras computadoras, nos obligó a echar cuentos y permitió anotar compras nerviosas en los catálogos de Ebel, Avon y similares que religiosamente nos ofrece Pamela -quien a su vez sirve de intermediaria de una amiga y la verdadera dueña de la tienda errante: Mamnuris-, la tragedia eléctrica tuvo un conato de “réplica” esta mañana, cuando, por minutos, claudicó nuevamente… Superado el horror de quedar en blanco una vez más -y seguir desperdiciando el tiempo, cuando lo que sobra es trabajo-, el día se desarrolló entre escritos, fotos y la noticia de que Edwin nos trajo un nuevo celular Movistar que suplantará los cansancios justificados de nuestro modelo anterior (caballito de batalla de varios años que ya no daba para más).

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Luego de resumir las correrías infantiles de Yalitza Hernández, Carolina López (la hija de Diony López, es decir, POPY), y reírme con la punzante genialidad devuelta por el excelso Boris Izaguirre, recibimos una visita muy especial…

El ánimo de Amador
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Es increíble como hay personajes que tienen la cualidad de ser inmortales. Sin duda Amador Bendayán es una especie de dios artístico, un aliento vigoroso siempre presente cuando se habla de los años dorados de la televisión venezolana, cuando se habla de “ánimo”, de fibra humana y don polifacético. Hilando historias en forma de diversas secciones, hice un alto en mis apuros cotidianos para recibir a Karen Bendayán, la nieta de este ilustre gigante de la televisión. Ojear fotos de más de 50 años y ver el rostro lozano de un ser humano integral que supo hacer de la actuación y la animación su mejor excusa para regalar alegría es, sin duda, un privilegio que pronto compartiremos con cada uno de nuestros consecuentes lectores. Lo cierto es que Karen no puede -ni quiere- negar su apellido, su porte cálido, el brillo en la mirada y el orgullo que le sobreviene cuando sus labios entonan la idolatría que siente por un abuelo que partió cuando apenas tenía dos años y medio de edad. Sin embargo, lo conoce, lo siente, lo admira, lo escucha y, desde la herencia de su vena histriónica -universo al que se ha inmiscuido y piensa retomar para rendir tributo a su casi innato talento- aplaude con el latido de su corazón y la emoción de sus genes, la dicha de ser parte de una personaje que nunca se apagará en el cariño de Venezuela.

No se pueden perder nuestra próxima edición aniversario… Será “imbatible”, como Amador.

Nora Valerii

Directora editorial