Bitácora porteña I
Hemos recibido buenas nuevas de nuestro querido amigo Tito, quién desde la capital argentina se ha encargado de escribirnos un testamento para publicarlo en estos espacios. Así que como la historia es larga, tendré que dividirlo en partes para pdoer anexarle las maravillosas fotos que igualmente nos envió.
“Bueno que más les puedo contar, salí de Maiquetía el 6 de febrero, ya hace cuatro días, con una gran esperanza y como dice mi terapista: “Para escapar” -qué se yo y de qué-, pero de verdad es la mejor catarsis que he hecho. En el avión lo máximo, venía como un niño jugando con el control de la tele que era solo para mí. La película que vi fue de lo mas cómic y reconozco que no de mi estilo (High school musical III), pero bueno al fin la vi. Así volé sobre Colombia y en especial Bogotá, atravesando el Valle del Cauca hasta cruzar la frontera y aterrizar en Guayaquil, Ecuador. De ahí nos elevamos en el mismo avión hasta llegar a Santiago de Chile sobre el Océano Pacífico, viendo por las ventanas izquierdas la grandiosa y sublime cordillera nevada de Los Andes peruanos y chilenos, hasta aterrizar nuevamente en Santiago. Realizamos un trasbordo en este aeropuerto que es espectacular. Después de casi perder el trasbordo y de entender que no serían 6 horas en Santiago, porque Eli -mi compañera de viaje-, y yo siempre contamos todo a la hora venezolana, y resulta que en este lugar eran las 8:30 de la noche, despegamos atravesando la cordillera andina rumbo al Aeropuerto Ezeiza de Buenos Aires. Al llegar hicimos la cola en inmigración para entrar oficialmente al país, luego llegamos al Duty Free que es de morir, hay de todo y muy barato, el de Santiago tiene mucha artesanía pero no nos dio tiempo de nada.
“Después de 20 minutos esperando las maletas, fuimos a cambiar los primeros 200 dólares que, a 3.5 pesos cada uno, sumó un total de 650,30 pesos. Finalmente logramos salir del aeropuerto con una botella de ron en mano, las maletas y más perdidos y enrollados que nunca, hasta que al ver a Yemara (otra de mis amigas que ya estaba aquí) con Alejandro (el taxista), vimos luz. Inmediatamente nos montamos en el taxi y empezamos el recorrido hasta la casa de José (otro amigo más) para verlo y saludarlo. Cabe destacar que Buenos Aires de noche es una metrópoli llena de luces y con gente en algunas zonas, porque es tranquila, no por el hampa, sino que la gente no es estresada como en Caracas.”
Continuará…


