Salud
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Olvidarse de cosas habituales puede ser señal temprana del Alzheimer

Jueves, 29 Octubre 2015 - 10:20am

En Venezuela, se estima que la prevalencia es de 7% y a partir de los 65 años aumentan las posibilidades de desarrollar un trastorno cognitivo, por ello Laboratorios Nolver promueve la cultura preventiva a fin de mitigar el avance la enfermedad

La memoria es como cualquier otra parte del cuerpo que cambia con el pasar de los años. Los olvidos leves y los retrasos de memoria son a menudo parte del proceso de envejecimiento normal, por lo general, las personas de mayor edad necesitan más tiempo para aprender algo nuevo o para recordar algo viejo. Sin embargo, cuando estos síntomas son progresivos en frecuencia y gravedad, podríamos estar ante la presencia de un Trastorno Neurocognitivo (TNC), siendo la manifestación más común la enfermedad de Alzheimer.

De acuerdo con la neuróloga, Mónica Peña, se estima que en Venezuela los trastornos neurocognitivos tienen una incidencia de 7%, e incluye tanto hombres como mujeres mayores de 65 años. Las manifestaciones clínicas de los pacientes con esta condición son múltiples y variadas que incluyen: pérdida progresiva de varios dominios cognitivos o funciones del cerebro y habilidades ya adquiridos como lenguaje, atención, cálculo, concentración, comportamiento social, entre otras.

“Es fundamental estar alerta ante los síntomas, en especial cuando los familiares o personas cercanas notan que el paciente comienza a olvidar cosas que hacía con mucha regularidad, como por ejemplo comprar sin equivocarse en las cuentas; que no pueda llenar las planillas del banco; dejar la comida en la hornilla y que se le queme; perderse en el espacio donde se encuentra; incapacidad para poder realizar cosas solo; entre otras. También los cambios de conducta, como pasar de ser una persona alegre a ser triste y apático, o por el contrario de ser muy reservado comienza a presentar desinhibición al hablar o de tipo sexual”, explicó la doctora.

Detección temprana

El diagnostico en la actualidad de la enfermedad de Alzheimer, consta de varias herramientas. En primer lugar la entrevista hecha por el médico para reunir los criterios clínicos que permitan orientar el caso, segundo la evaluación neuropsicológica completa, con pruebas estandarizadas. “Se solicita exámenes de laboratorio, neuroimagen y electroencefalograma, líquido cefalorraquídeo, a fin de descartar causas secundarias y, en casos muy especiales, pueden realizarse pruebas genéticas”, añadió la neuróloga.

“Cada día los esfuerzos van destinados a hacer diagnósticos en las fases más tempranas de la enfermedad porque se puede disminuir considerablemente la aparición marcada de los síntomas. En estas etapas, el tratamiento es cognitivo conductual y farmacológico, basado en desarrollar estrategias grupales o individuales donde los pacientes puedan realizar ejercicios que les permitan mantener activa su memoria”, detalló Peña.

Hay que frenar el avance

El tratamiento farmacológico disponible para la enfermedad de Alzheimer, ha demostrado ser útil en retardar los síntomas. Actualmente, se cuenta con dos grandes grupos: los que inhiben la acción de una enzima llamada acetilcolinesterasa que mejora la capacidad cognitiva de los individuos y el otro grupo son los que modulan el neurotransmisor denominado glutamato que promueve la actividad de un receptor llamado NMDA, que también actúa en la cognición.

“Dentro de esta clasificación se encuentra la memantina, que forma parte del arsenal terapéutico de primera línea para el tratamiento del Alzheimer, el cual mejora el aprendizaje y la memoria por medio de un mecanismo que se llama potenciación a largo plazo”, dijo la galena.

Peña destacó que, en los pacientes con Alzheimer, la estimulación excesiva de los receptores NMDA, genera una acumulación de calcio que conlleva a la muerte de la neurona, por ello, es importante medicar para prevenir mayores daños. Adicionalmente, estos pacientes deben combinar la terapia farmacológica, con terapias no farmacológicas y cambios del estilo de vida tales como; el consumo de alimentos que son protectores para el cerebro como vegetales verdes, pescados, chocolate negro, especies como la cúrcuma, curry, realizar ejercicio físico acorde a la edad y dormir adecuadamente, entre otras. NP

EA

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